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“Eres tú, la fogata, Querido mío, eres, eres, y yo soy bajo tu letra: Instante, sonrisa, ¿Cómo llenar las horas divagando entre el OK y no?, no te dejare hacerme, pero, ¡Cómo deseo besarte!, y el tal vez colmando de dudas nuestro instante de fuga.”

“Me provocas erecciones mañaneras” le confiesa entre mensajitos de texto que van y vienen intentando alimentar la relación que regresa viva como un volcán que parecía extinto, ¡Mmmm!, se contorsiona de placer, recordando su hermosa verga entrando y saliendo de su cuerpo, cual penitente que Ora e insiste vehemente y tierno hasta que es escuchado y siente el ¡Si! Abrazándolo.

Soy tu hembra aullando de placer, le responde echando leña a la hoguera que parece no tener satisfacción, ¿Cómo evitar el recuerdo de su vagina en la que bebió y se complació?, ¡Ella la mejor de sus amantes!, dispuesta siempre a sus locuras, a su apetito desenfrenado, la desea con tal ímpetu que casi llega al dolor, casi es una muestra de masoquismo, pero no puede dejar de sentirla la desea, la siente penetrada y vibrante, orgásmica y libre por su sexo atravesada, ¡Quiere verla!, ¡Quiere verla! , ¡La desea!, ¿La quiere?, ¡Sí!, pero entre sabanas, sudorosa y gimiente, cual hembra apasionada.



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