Ella

Lo ve y suspira como le gusta su cuerpo de macho cabrío, de roble potente, se moja al rememorar el mas reciente encuentro, ternura, misticismo y cachonderia mezclados, coctel explosivo mojándola por dentro y por fuera, sol matutino llenándolo todo, ella besa, lame, disfruta alimentarse de su entraña despierta, de su verga erguida, inflamada, venosa y rozagante, banquete propicio para la leona que habita su interior.


Quiere tomarlo de la mano, raptarlo, para poseerlo pronta y progresivamente, dejarse ir y venir tatuada por los giros del huracán que habita su pubis hambriento, desvelado, sonriente, se deleita imitando los giros placenteros de sus cuerpos sudorosos, prestos, sus manos juegan cabriolas febriles, se agitan estremecidas por su encuentro en la sombra y el silencio de su habitación es cortado por gemidos que de sus labios brotan, el recuerdo y sus dedos complacientes le producen un potente orgasmo, a pesar de sus 65 años recién cumplidos.
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