Viernes Oscuro Explotación infantil








Cuando niña, una de mis historias favoritas fue La vendedora de cerillas de Hans Christian Andersen. Más tarde supe que la realidad superaba a la ficción, y que lamentablemente las historias de niñas y niños pobres, hambrientos y trabajando, no eran fantasías y tampoco era necesario pensar en otros países. Somos, como nación, parte de ese mundo globalizado donde millones de niñas y niños cotidianamente pierden su infancia.
El tercer informe global de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado Intensificar la lucha contra el trabajo infantil, menciona que en 2008 había 215 millones de niñas y niños trabajadores en el mundo. Más de la mitad (115 millones) se encontraban expuestos a las peores formas de trabajo infantil como son el trabajo en ambientes peligrosos, la esclavitud y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y la prostitución, así como su participación involuntaria en los conflictos armados.* En el caso de México, datos del Inegi muestran que en 2011 había aproximadamente 3 millones de niños adolescentes de entre cinco y 17 años que realizaban alguna actividad económica, lo cual equivale a una tasa de ocupación de 10.5 por cada cien niños; de ellos, el 68 por ciento son hombres y el 32 por ciento mujeres, lo que a la vez significa tasas de ocupación de 14.1 y 6.8 para uno y otro sexo, respectivamente. Por grupo de edad, tres de cada diez son infantes de cinco a 13 años y el resto son adolescentes de 14 a 17 años.** Debemos mencionar que no todo el trabajo efectuado por niños debe ser clasificado como trabajo infantil de carácter negativo. La participación de niños o adolescentes en un trabajo que no afecta su salud y su desarrollo personal o no interfiere con su educación es considerado, por lo general, como algo positivo.
En él se encuentran incluidas actividades como ayudar a sus padres en la casa, asistir en un negocio familiar o ganar dinero para sus gastos personales fuera de las horas de escuela y durante las vacaciones escolares. Éstas y otras actividades contribuyen al desarrollo de los niños y al bienestar de sus familias, ya que les hacen obtener habilidades y experiencia y les prepararan para ser miembros productivos de la sociedad durante su vida adulta.
El reto se encuentra en el otro tipo de trabajo infantil, el trabajo que priva a los niños o adolescentes de su infancia, su potencial y su dignidad, y que es nocivo para su desarrollo físico y mental. Se refiere al trabajo que es física, mental, social o moralmente perjudicial o dañino para la o el niño, y que interfiere en su participación escolar privándoles de la oportunidad y el derecho de ir a la escuela, obligándoles a abandonar a destiempo las aulas escolares o a que combinen la asistencia a la escuela con largas jornadas de trabajo pesado con escasa o nula retribución.
En sus formas más extremas, el trabajo infantil implica niños o adolescentes que son esclavizados, separados de sus familias, expuestos a graves riesgos y enfermedades y/o abandonados a valerse por sí mismos en las calles de las grandes ciudades, a menudo a muy temprana edad. El que una forma particular de “trabajo” pueda ser llamada “trabajo infantil” depende de la edad de la o el niño, el tipo y horas de trabajo desempeñado y las condiciones bajo las que se efectúa. Es por ello que el trabajo infantil es considerado en los convenios internacionales y en las legislaciones nacionales como una violación de los derechos humanos fundamentales de los niños.
Entre las principales actividades que realizan los niños trabajadores se encuentran la venta ambulante, aseo de calzado, cargado de bultos, limpieza de autos y parabrisas y trabajo doméstico, entre otros. Y las consecuencias más comunes por el desempeño de esas actividades son, entre otras, el bajo rendimiento escolar, falta de asistencia regular a la escuela, violencia, maltrato, inicio temprano de la vida sexual (con la consecuente falta de información sobre las enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados), la explotación sexual comercial infantil, el consumo de drogas y la trasgresión de las leyes.
Protección y garantía de sus derechos, nos refiere a la creación de acciones de prevención y de atención, de respuesta y erradicación a la violencia contra niñas y niños en cualquiera de sus múltiples expresiones, a la explotación y el abuso contra ellas y ellos. Contrariamente nuestros niños se ven enfrentados cotidianamente a carencias y riesgos que evitan el disfrute y les niegan el respeto a sus derechos humanos a plenitud y, por otra parte, los acerca a ser las futuras generaciones que reproducirán lo negativo de la sociedad que hoy vivimos y que desde ya, requerimos modificar.
En esta era de avances tecnológicos, reconocemos que nuestra niñez y la del mundo, está siendo expuesta a la explotación económica, al trabajo forzoso, en resumen, a la moderna esclavitud.
Antaño, podían alejarse de la triste realidad de las fábricas y de otros tipos de labores; hoy nuestros niños tratan de conseguir pequeños trabajos, incluidos los domésticos e intentan, recorriendo las calles y avenidas, vender toda una gama de productos artesanales e industriales y en algunos casos su propio cuerpo. El objetivo es en la mayoría de los casos, agregar a la renta familiar un poco de dinero que permita evitar ser una carga más en la empobrecida economía familiar.
La pobreza es la condición que más propicia la vulnerabilidad de los derechos de niñas y niños, así como su escaso respeto y cumplimiento, con el riesgo de que los menores sean víctimas primordiales de todo tipo de abusos, que son aceptados porque es necesario enfrentar la pobreza.
Trabajo al que se recurre como la mejor forma de sobrevivencia y al que por sus propias características, es utilizado por patrones rapaces y explotadores que en complicidad con inspectores de trabajo cierran los ojos y niegan que exista esta utilización de niñas y niños pobres con necesidad de trabajar. Su trabajo no es “oficial”; no hay ninguna entidad gubernamental o autoridad tributaria que sepa que están trabajando, porque no están oficialmente empleados. En muchos casos, las personas para las que trabajan no están registradas como empleadores.
Para la solución de lo anterior, es necesario trabajar cotidianamente para revertir esta desequilibrada situación que enfrenta la niñez de nuestro país en el marco de la conmemoración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, instituido por la OIT en 2002, como una forma de hacer un llamado al mundo sobre la gravísima situación que viven los niños.
El día señalado es el 12 de junio y tiene por objeto difundir y accionar en el creciente movimiento mundial contra el trabajo infantil. Reflejado en el gran número de ratificaciones del Convenio número 182 sobre las peores formas de trabajo infantil, el Convenio número 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo, y más recientemente en el Convenio 189 que versa sobre la regulación del trabajo doméstico. Este año, el eje de la conmemoración será la erradicación del trabajo infantil doméstico. Cabe señalar que los dos últimos no se han signado y ratificado por nuestro país.
La Ley Federal del Trabajo prohíbe el trabajo de los menores de 14 años y para los adolescentes de 14 y 15 años establece como condición una jornada máxima diaria de seis horas, sin embargo, esta condición no se cumple.


Somos seres sociales: twitter: @pieladentro @hosscox
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