Miércoles de ceniza



Un año, pero no uno más, único, épico, de nuevos y crecidos ríos, siembra de semillas en trasnochadas raíces.

Un grito derramándose mudo, arrepentido, aprieto los dientes en conocido mutis, me rondo de oscuras cavilaciones, fatalidad y hondo rechazo.

¿Quién comprende el sino que me define? He secuestrado la medialuna, lloro en su plateada melena, una callada agonía me abraza, temo la liberación anhelada, siempre el agazapado aullido retumbando en el laberinto que me aprisiona.

Decisión que no me toma, solo me transforma profunda é infeliz en purgatorio de inconformidad, espina clavada en el cristal que me mira, no soy, me finjo.

Recreada en cada amanecer a gusto de otros, complaciendo la expectativa, la espera, un títere con cuerdas, cardos de porosos siseos, garganta devorada en el círculo de un coma eterno, no soy, finjo.

Me regalo días fríos, imantados de mí; el cínico atardecer me recibe estrujándome la sangre, perezco y resucito, no existo, no vivo, muero en constante ahogo, en agonía prestada por un hado negro.

El que me habita reclama su morada.


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